Adiós…

Yo también querría dedicar mi personal adiós al pasado y me resulta inspirador leer el cambio de lo que llega cuando no se sabe aún manejar la situación, de las cicatrices, de la cura que es la vida misma: Siempre mira hacia delante, nace y mueren en presente, avanza rauda o con pies de plomo.

También yo quería decir esta palabra a todo lo que un día peso tanto que me hizo gatear sin estirarme todo lo que podía.

Adiós con una sonrisa, con un beso, con una flor con el corazón que con el alma no puedo, con lo que quieras pero adiós.

Hola presente ¿Damos un paseo?

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Me has acompañado durante mucho tiempo. Por primera vez cuando derramé mis primeras lágrimas de dolor. Desde entonces, en contadas ocasiones. A veces mientras lloraba de rabia, a veces mientras discutía, a veces mientras pensaba sobre la muerte y la vida.

Juntos hemos pasado varias etapas de la vida, desde la infancia hasta la edad adulta. Siempre me acompañabas. No importaba si estuviese sola o en compañía. A veces te presentabas como el ruido que hacen las agujas del reloj, a veces como una terrible agonía que no se desprendía de mí. Durante algunas épocas incluso te permitías el lujo de meterte en mi cama para que no pudiera conciliar sueño alguno.

Intenté desprenderme de ti, hui de ti, corrí, lejos, pero siempre estabas al acecho. Intenté ser libre, pero siempre me alcanzabas. Te quería lejos, mas siempre te tenía cerca. Solo desaparecías cuando no pensaba en ti. Solo desaparecías…

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La pena envejece

Así es, la pena envejece y el llanto arruga el rostro, labrando surcos en esos párpados y rodando por la mejilla hasta caer. El desgarro araña por dentro y se lleva poco a poco la vida, nos hace consumirnos lentamente en cada zarpazo.

Miro una fotografía de una de las épocas más felices de mi vida…

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Miraba el mundo como si pudiera morderlo como una manzana y comérmelo si luchaba y seguía trabajando duro. No era la sonrisa más alegre, pero estaba llena de ambición.

 

Luego en cuestión de unos meses llegaron algunas penas de esas que dejan la sonrisa seca y un cambio irreversible sacudió mi aspecto.

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Y el mismo rostro de alguna forma parece de alguien mucho más viejo y cansado. Sigue adelante, sigue sonriendo pero sin duda se nota como si algo hubiese apagado. Hasta se marcan más las patas de gallo. Sí. La pena deja huella en el alma y también el el rostro, en el cuerpo que duele como su cargase el eso de muchos años de golpe.

Se dobla la espalda que cede al peso, se guarda la cabeza entre los hombros. Por tanto, ojo con esta enfermedad que como un veneno hace fenecer la vida y todo lo que realmente somos.

Remedio: La vida. Salir ahí, reír, saltar, correr, bailar, ver, sentir, brillar, rodar, respirar, descansar, darse placeres, perdonar(se), creer y crear. Pasar a la acción. Porque nunca he visto un muerto dando saltos y riendo a carcajadas. Así haya que agotar las existencias de las pelis más ridículas y las series más absurdas. Adelante.

¿Quién dice que haya que pedir permiso para probarse? ¿Quién dice que no les lo tuyo? ¿Lo has probado?

¿Quieres una oportunidad?

Da una oportunidad.

Date una oportunidad.

Ahí la tienes.

 

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Y sonríe… Que rejuvenece.

Cuestión de fe

unnamed (19)Hay días en los que una especie de niño interior, ingenuo él y con esos ojos vivarachos tan propios de la infancia, le da una nueva luz a lo que te queda por vivir. Sale de detrás de un amigo al que se escucha, o a través de una línea telefónica donde una conversación económica se torna en personal. Hoy mi niña hace de las suyas y me lleva a esta reflexión:

A menudo en nuestra vida, en cada elección, en cada derrota y cada victoria, nos cambia la percepción. Cambiamos con nuestras decisiones, arriesgamos; y a veces se gana, otras se pierde. Se re-escriben nuestras creencias y valores, los gestos, la forma de reír y hasta es posible que la plasticidad del cerebro acabe por remodelar nuestra materia gris.

Cuando escogemos esos cambios y lo que va a ser nuestra historia personal, la más importante para nosotros y para todos los que queremos en el sentido de que determina cómo interactuamos con ellos, no somos conscientes de ello. Nos dejamos influenciar por el pasado, por factores externos y por ilusiones. Nos inflamos o desinflamos según avanzamos.

Hay algo de fondo sin lo cual no se mueve ni una brizna en esas decisiones: La fe.

No hablo de la que nos lleva a los rezos, a la devoción por un Santo o por otro, a la adoración de la Pacha-Mama o de Shiva, la persecución del Nirvana o la conexión galáctica con toda la vida. No… es algo mucho más pequeño, diminuto, pero a la vez mucho más importante. Es la fe en cada paso que damos. Podemos equivocarnos, podemos aprender de ello, pasarlo mejor o peor, pero sin fe en lo que se escoge, ese algo está condenado a morir antes de que lo intentemos(porque simplemente no lo intentaremos de verdad). Con fe, hasta la más disparatada aventura cobra sentido. No importa si no sale como esperábamos. Tiene sentido.

Pase lo que pase y salga el sol por donde salga, que la fe mueva tus pasos y los míos. La fe en ti, en mí y en nuestra historia personal.

Inside out

Cada cosa que hacemos y cada piedra que ponemos para construir algo en este mundo está condenada a desaparecer. Somos en realidad un suspiro en el tiempo, en ese devenir de los días que se suceden uno tras otro, sin nada de especial y a la vez irrepetibles.

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He tenido algunos conflictos con lo efímero de ese momento y el carpe diem,con la fugacidad y el continuo movimiento. Con el destino, la eternidad y las limitaciones de la existencia. Un buen amigo apareció cuan Sócrates aplicando su mayeútica a extraer algunas ideas que en el fondo llevan tiempo en mí con un buen ejemplo de como aprender esta lección y romper este conflicto: Monjes Budistas.

Y en realidad es una lección conocida que había olvidado. Cuando era una adolescente pasaba horas con los puzzles. Me gustaba hacerlos y luego guardarlos. Me gustaba el momento en el que mi mente sabía qué mirar y por dónde ubicar cada pieza. Conocía el dibujo a componer y las formas. De niña solía guardarlos hechos una vez los montaba. Los guardaba en sus cajas casi enteros, por trozos, porque me daba pena destrozarlos.

Ahora mirando atrás veo a la niña: La niña temía perder su obra y ese tiempo invertido. Guardaba los trozos de algo que tal vez no creía poder volver a repetir como su premio. Su recompensa era el puzzle completo, una imagen que había logrado sacar de un montón de fragmentos tras encontrar la forma de conectarlos.

La adolescente: Aprendió que el puzzle estaba en su cabeza, era la habilidad de ligar esos fragmentos y que eso permanecía ahí incluso cuando el puzzle entraba a su caja totalmente destrozado. Todo ese tiempo, todo ese conocimiento seguía vivo dentro de ella. No perdía nada…

Y de aquí la lección que la adulta olvida: Ese logro, esa felicidad que se refleja en el objeto externo no es el objeto en si, sino aquello que se hace con él. No se pierde cuando deja de estar sino que sigue vivo hasta que en algún momento volvemos a tener ese placer de montar cada pieza y comprobar que seguimos pudiendo lograrlo. Que recordamos nuestro recorrido. Se hace camino al andar y aunque sólo queden esas estelas en el mar, cuando en el momento de nuestro paso las pisadas son firmes, las huellas permanecen aunque no volvamos a pisarlo.

Dura lección aún no aprendida del todo pero que siempre ha estado ahí: Todo lo que tenemos está dentro de nosotros. Es nuestra elección decidir qué reflejar. Se refleja desde nosotros mismos hacia el mundo que nos rodea, como la luz muestra o no los objetos según éstos la reflejen ¿Qué colores reflejas?

Reflejo

Gracias por recordármelo, improvisado Sócrates. Murió hace mucho y sin embargo ahí sigue vivo cada vez que alguien, hasta sin quererlo, refleja sus enseñanzas.

Casualidades: El maestro aparece cuando el alumno está preparado para la lección.

 

Búscala

Tal vez algún día aprendamos a apreciar la locura, a vivirla, sin temor ni remordimiento. Es la vida la que fluye en ella, intensa, condensada como una gota de rocío al alba. La misma que brilla ante la luna y se evapora en sueños con el calor del sol hasta las nubes.

Sí, somos locura y poco de lo que realmente merece la pena vivir puede existir sin un puntito de ella. Al menos una vez en la vida, sed locos, buscad una loca o un loco (según gustos) que os quiera con locura y sed lo suficientemente osados para querer con la misma locura.

El que no vive esto nunca no ha vivido del todo.

Entrada Agotada

Búscate una loca, de las de remate.

De las que cuando piensas que ya no puede hacer algo más estúpido, va y te sorprende con algo inesperado.

Busca una chica que se ría a carcajadas, sin importarle donde se encuentra o quien tenga alrededor.

Esa que te cuente chistes malos y haga bromas tontas sin que puedas evitar reírte y no sepas el porqué.

Que cante por la calle con la música de algún coche e intente que tu también lo hagas. Que baile bajo la lluvia sin preocuparse por su peinado.

Búscate una pesada, una tocahuevos, de las que juegan con tus puntos débiles o manías sabiendo que consiguen desquiciarte, provocando en ti una ganas locas de ahogarla, pero con abrazos.

Busca una irracional, humilde, sencilla y directa. Que llore, que grite, que tenga carácter. Que te monte numeritos pero los compense con muy buenas escenas.

Que no sepas…

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El alma del guerrero

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Ante los problemas y contratiempos de la vida, con frecuencia acabamos traumatizados, por los suelos, a merced de lo que caiga sobre nuestras cabezas. Se asume la derrota puntual o fracaso como el fin del camino en casos en los que no es más que una caída torpe y tonta, pero que ni siquiera nos define, una piedra que estaba justo en ese lugar, un obstáculo que no vimos venir, y golpe que no supimos o no quisimos esquivar.

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El alma de un guerrero está más que preparada para eso. Está curtida en al batalla, donde cuando un ataque o defensa falla cae al suelo y muerde el polvo, pero eso no es lo peor… Lo realmente peligroso es quedarse ahí, donde se ha caído. Esperando que se lance sobre él el golpe final, que los pies de sus propios compañeros de combate librando sus propias batallas le acaben por pisar y aplastar. Y dolerá el pie del camarada clavado sobre el costado. Incluso le hará caer a su lado.

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El guerrero en cambio escoge no quedarse ahí a esperar ese golpe, a ser un obstáculo para otros y acabar dañado hasta por sus aliados. Escoge levantarse con una pirueta en el aire o algo más lentamente. Se apoya en su propia fuerza, en el árbol que le queda cerca, en el brazo del que intentaba darle ese golpe final, se levanta.

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Una vez en pie sigue su batalla con la fuerza que le quede, con el aire secando su sudor y renovando sus fuerzas, encuentra su espada y usa la misma fuerza de la gravedad que le hizo caer con todo su peso a tierra para elevarla al cielo y dejarla caer sobre aquello que le atormenta, cambiando las tornas. Eventualmente, el guerrero vence a su verdugo y vuelve con sus aliados a seguir luchando por aquello en lo que cree y contra aquello que se le antoja abominable.

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Siempre se lucha mejor al saberse rodeado no sólo de enemigos sino de aliados, pero cada batalla es individual, tumbado cada cual a sus oponentes uno a uno. En algún momento esa batalla concreta acabará, con sus pérdidas, pero con vida para celebrar junto a los suyos que la fuerza de voluntad no les abandonó. Que fueron vencedores. Llevan consigo a los caídos y caminan junto a sus compañeros de victoria. Hasta el que más solo se queda tras la batalla sigue llevando consigo a todos los que le acompañaron.

Hay un momento para la lucha y otro para el descanso.

El error, tal vez mortal, es quedarse parado ante el peligro.

En la paz, todos son amigos, en las guerras… escoge bien tu estrategia y a tus aliados.

Perdona a los que te pisan y dañan empujados por sus propias batallas. Tal vez también tú hallas causado algún rasguño o golpe en el furor de tu propia batalla.

El suelo no es un buen lugar para permanecer en medio de una batalla.

Época de cambios

Con el otoño llegan cambios atmosféricos de esos que ponen al cuerpo al límite y a veces nos vencen. Pero también llegan otros cambios, de las vacaciones y la playa, al trabajo y ajetreo del mundo laboral, el cole, los libros, los peques, lo nos tan peques…

La época del año es propensa a cambios, la época que vivimos es un punto de inflexión en sí que aún no define su nuevo curso, la sociedad de la información se ha revolucionado también y las relaciones sociales no son lo que eran pese a que nada hace sombra al encanto de un café/té/cerveza cara a cara.

En esta época de cambios me había propuesto algunos para mí misma, que hoy definía y tras algunos hechos se hace aún más patente esa necesidad: Librarme del apego.

Tan éfimero y cambiante es todo que llega un punto en que da la impresión de moverse en arenas movedizas, se pierde la confianza, la fe, el alma, y la vida en ello si no se gestiona bien. Sobre desapego leía cuando encontré esta frase:

No hay luz sin oscuridad, no hay placer sin dolor, no hay relación sin riesgo.

Será cuestión de mensalizarse y echarle valor a esas arenas movedizas. Lo que está claro es que quedarse quieta en medio de ellas es una muerte segura. Hasta ahí hay que aprender a fluir como si de un río se tratase hasta llegar a una orilla. Con un poco de suerte, alguna rama o mano se nos tienda por el camino acortando nuestra batalla y dejándonos menos agotados.

Bien venido, cambiante Septiembre. Con nombre de siete pero en el noveno lugar, así de paradójico.

Sobre amor, ira y odio

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Frase que me ha hecho pensar, que en efecto debe ser algo más que la llama de una pasión. Debe ser también luz de la que ilumina los días, de la que guía unas veces o reconforta otras. Debería ser paz y si pensamos en esa dualidad bien y mal, luz y sombra, debería sacar justo esa parte brillante de cada ser y hacerle deslumbrar al mundo entero. Ahora bien, se me ocurren dos primeras reflexiones respecto a esto:

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1-No hay bien sin mal ni luz sin oscuridad

Sí, es una frase usada por Mago de Oz en su canción “La danza del fuego”. Creo un error pensar que para que una relación afectiva sea feliz y apreciada deba ser todo luz en ella. De ese contraste entre luz y oscuridad se resalta cada rasgo distintivo del ser. Es realidad sin edulcorar, pura, es la vida en sí. No hay más que mirarse al espejo y verse, llenos de luces y sombras. Nadie está por encima de ello y todos de alguna forma y en personas concretas somos capaces de despertar afectos de distinto tipo. Podemos ser una querida oveja negra en algunos grupos en los que nos movamos. Un factor más, un tanto disonante y a la vez enriquecedor. Tal vez de ese mirarse y verse formados de contrastes se puede entender que no todo es luz, pero que esto es estar vivo. Ese empeño de que si no es blanco es negro, si no es perfecto no debe ser, si no es ideal, como dice el mundo o la sociedad que debe de ser, no ha de ser… Quizá entonces debamos mirar ese espejo que nos demuestre  que conviven en cada ser luces y sombras que los hacen únicos pero no por ello peores. Simplemente irrepetibles y adorables. En el buen camino siempre.

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2-Inercia

Quien por lo que sea vive mucho tiempo en tinieblas, en ambigüedad, desorden y caos, en pensamientos oscuros, tiende a mantener ese estado y puede necesitar una dosis mayor o una exposición más prolongada a la luz para aceptar que hay luz en su oscuridad. Para ser capaz de aceptarla y mezclarla en su amalgama personal sin que escueza demasiado esa penetración de esos primeros rayos. La luz es parte de este mundo.

Quien siempre ha vivido resguardado de la oscuridad, sin ver mal ni desenfreno, sin que se le ofusque la mente, como en un oasis de luz en medio del desierto de realidad mezclada en multicolor. Esos pueden encontrarse también en un rechazo a la oscuridad muy limitado, pues aceptarla supone hacer caer la venda que ocultaba sus propias sombras que se empeñan tal vez en recluir en alguna parte de si mismo, sin querer conocerse del todo.

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Ambas partes no ven más que una cara de la moneda sintiendo rechazo por la otra. Durante años he pensado que nada es recto y perfecto pero encuentro un encanto singular en esa imperfección casi perfecta que hace a cada ser humano, a cada animal (sí, también tienen personalidad) una criatura única muy digna de amor. A esto sumo que creo que bajo los efectos de ese amor, todo se magnifica, bueno y malo, pero lo que brilla al final y perdura es justo el fulgor de las luces que desvelan la realidad oculta en esas sombras.

Sólo los más valientes venden el miedo de dejarse iluminar en esas sombras, de ver que duerme en ellas y conocer la fuente de esa parte que desde un mundo ideal se rechaza y oculta hasta olvidarse un@ de quién es de verdad por ser esa persona recta y luminosa que todos quieren ver. Somos luces y sombras, somos reales, humanos. Otra cosa es miedo, artificio, teatro o cobardía. Es no querer ver, es no querer verse. Es rechazo a la vida que con sus idas y venidas no ofrece experiencias únicas de esas que te hacen pensar que merece la pena vivir. El amor es una de ellas, pero qué rígidos y cobardes podemos llegar a ser, por no mirarnos al espejo, por no querer ver.

La alcahueta (1625) - Centraal Museum, Utrecht - Gerard van Honthorst

La alcahueta (1625) – Centraal Museum, Utrecht – Gerard van Honthorst

Somos bellos así, como un cuadro tenebrista que muestra lo más bello y esencial apagando lo menos importante entre sombras que sólo hacen aún más fuerte la luz que las atraviesa.

¿Generación perdida?

Es el nombre que se da a la generación a la que pertenezco. La de los ni-ni pero en su peor parte:

Hasta los programas de “Quita el pause a tu vida” lanzados por el Gobierno para la promoción del empleo joven se olvidan de mí.

Se olvidan de mi las ayudas a emprendedores3D-Flying-Pigs-sm[1], las empresas que no gustan de mujeres en sus filas y menos pasadas ciertas fronteras de edad (supongo que temiendo que se nos crucen los cables y nos de por quedarnos embarazadas).

Se olvidan de mí los de aquí porque una vez me fui y puede que vuelva a tener que irme, los de otros lugares porque tampoco pertenezco a allí.

Se olvidan de mí esos programas que dan derecho a prácticas de mayor duración cuando se tiene menos de 24-25 porque ya pasé esa frontera.

Se olvida de mí el plan Bolonia que ahora poco facilita trabajar y estudiar a un tiempo, que no reconoce créditos o inventa asignaturas que tal vez están ahí más como relleno que como algo realmente necesario para superar esa dichosa carrera que se te enquistó.

Se olvidan de mí los trabajos de poca cualificación por falta de experiencia en ese tipo de trabajo, por edad, por vete a saber qué. Se olvidan también los de alta cualificación que buscan educación superior y dominio de varios idiomas para estar ordenando papales y en funciones que realmente no necesitan de esa cualificación (la universidad no enseña a usar ciertos programas específicos de cada empresa o comerciales. Muchas cosas se aprende, con la base que se tiene, en el propio lugar de trabajo).

Se olvidan de la realidad aquellos que piden personas jóvenes pero con mucha experiencia. A menos que se empezase a trabajar a los 16 en un puesto parecido, a veces es imposible tener el rango de edad solicitado junto con la experiencia y la formación que exigen.

23267919-Paris-London-Rome-and-Amsterdam-grunge-stamps-famous-landmarks-Eiffel-Tower-Big-Ben-Colosseum-and-Wi-Stock-Vector¿Se olvida de nosotros la vida? ¿No cabemos en este mundo? Puede haber demasiada población para los recursos del planeta y el uso que se les da, pero si así es el control de natalidad es la clave y no la guerra  u otros medios más sutiles de “deshacerse” de generaciones enteras.

Al verse así se llega a entender a quienes cruzan el estrecho por una vida mejor. Se entiende que la peor de las vidas aquí pueda ser mejor que la vida media en el país que dejan atrás. Aquí en España aún se vive más o menos bien. Espero que no lleguen a ser tan tontos para que generaciones enteras como la mía no tenga nada que perder. Unos puede que nos marchemos del país sigilosamente (a veces no tanto) pero los que no pueda o quiera pasar por ese aro, podrían “indignarse” un poquito y una vez prende la mecha no sé si se pueda frenar antes de que se vaya de las manos de quienes lo inicien y de quienes no supieron evitarlo.

Incertidumbre… Somos la generación “I” – Suerte a todos los que no dejáis de luchar por vuestro lugar.

La carrera de la vida

WinnerTodos tenemos un algo de ambición y queremos ser ganadores. La vida es una carrera contra reloj en la que no se sabe si mañana será el último día de tu vida, el primero o simplemente uno más. Muchos son los que se quejan de cuánto cuesta ganar esa carrera, llegar a las metas, ser un ganador. Para muchos de esos, es cuestión de suerte con los competidores, de entrenamiento para mejorar en aquellas aptitudes que les ayuden a hacer una buena carrera y alcanzar la meta. Mucha suerte a estos y a seguir entrenando.

Luego hay otro grupo que también se queja de la dificultad, casi más ruidoso que los primeros, pero estos ven la carrera que quieren  ganar desde la grada, analizan el recorrido, los obstáculos, su cuerpo y potenciales. Ven que no podrían ser primeros al compararse con los otros corredores y se quejan. Esos espectadores puede que aún no lo sepa, pero nunca estarán preparados ni llegarán a la meta. Nunca ganarán la carrera porque nunca participarán. Donde los que no estaban preparados hacen su carrera hasta la meta o lo más cerca que pueden de ella, estos espectadores miran, piensan, pero no hacen. Donde algunos caen exhaustos y otros llegan con dificultad los últimos a la meta, los espectadores están llenos de energía que malgastan en quejas mientras siguen sin acercarse ni un poco a su meta. Les sobra energía para esas quejas.

Un espectador nunca llega a la meta, sólo llega el que corre y toma parte activa en la carrera. Hasta si cae a la mitad, en algún momento recuperará el aliento y seguirá. Llegará tarde, pero llegará si no abandona la carrera. El truco aquí es seguir, siempre adelante: El que la sigue, la consigue.