El gen egoísta I

Esta es la primera de una serie de reflexiones inspiraras por un libro de este título llegado de manos de un Phenon a las mías. El primer punto de reflexión es el siguiente:

Grupos egoístas y grupos altruistas: El libro arroja una idea interesante, sobre todo en vista del creciente individualismo. Plantea que estratégicamente está mejor montado un grupo altruista, pero que hay también grupos egoístas. Si el egoísmo es una característica dominante que pasa a tras generaciones, un solo individuo egoísta se aprovechará para tener mejor posición usando a los altruistas y reproducirse más, por lo que poco a poco el grupo altruista acabaría siendo egoísta. Así que de aquí concluyo que el egoísmo es como una suerte de cancer que mimetizando sus células entre las “buenas” infecta a toda la sociedad.

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El egoísmo hasta cierto punto que permita no dejarse pisar es necesario, puesto que estamos mezclados. En un grupo puramente altruista, seguramente no sería necesario ese egoísmo. Es a la vez la enfermedad y la cura. Enfermedad porque acabamos mutando el grupo o la sociedad hacia el egoísmo, la cura porque nos protege de otros egoístas.

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Una amiga me hablaba hoy de la importancia de saber darse a quien se lo gane. Tal vez esté aquí la clave: Altruista, sí, pero sólo para quien se gane ese altruismo. Ser selectivos. Si la selección natural nos avoca al fracaso como especie, tendremos que pasar a una un poco más artificial. Altru-egoístas.

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Para eso tenemos una cabecita para pensar y empatía (unos más que otros) para sentir.

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Paciencia – Impaciencia

Decía Aristóteles, el discípulo de Platón, que toda virtud se hallaba entre dos vicios extremos y resultaba de “dar a cada uno lo que le corresponde” (Ulpiano). Aplicado al tema que pretendo abordar en esta entrada, sería la diferencia entre impaciencia, paciencia y pasividad. Vamos por partes:

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Pasividad. Es el resultado de una paciencia excesiva que lleva a estancarse o a simplemente no implicarse. Lleva a tener unas “tragaderas” excelsas que sobrepasan nuestros propios límites y los de quienes nos rodean. A tal punto llega este extremo que siempre se dejaría para mañana todo. Se actúa con indulgencia y se posterga. Se tolera porque ya llegará. Se espera hasta la eternidad. Nos quedamos por el camino nosotros y la paciencia sigue.

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Paciencia. Este es el punto medio y es positivo. Aquí se da tiempo, se actúa, se tolera y se tiene cierta indulgencia sin llegar a morir en la espera. Aquí se empieza  sembrar y como buen jardinero se deja brotar y crecer hasta que tras meses de riego llega la flor, el fruto. Se aplican cuidados, se aguarda, se soporta la carga y se camina con firmeza. Se visualiza el horizonte y se ve el progreso más o menos lento hacia él. Se tiene voluntad y se pone esfuerzo en llegar sin desesperar. Se ambiciona y se desea, pero no se presiona y ahoga.

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Impaciencia. Esta era la verdadera razón de este post, la que me lleva a pensar en la de actuaciones precipitadas por no saber aguantar un poco. La que nos pone de los nervios y nos hace perder en control si no llega ya. Es la que nos hace presionar o sufrir presión, la que nos estresa y nos desmotiva al ver que no llega. Es la desesperación, el culo de mal asiento. Es no centrarse en nada y necesitar cambiar de proyectos continuamente. Inmediatez, temor, ansiedad… eso busca esta desesperación. En ese proceso nos agitamos, movemos, empujamos, aplastamos y nos desquiciamos. El resultado es a veces desastroso y muchos no son reversibles una vez hecho el daño, perdida la oportunidad o rota la sorpresa.

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Sirva esto de reflexión sobre la de veces que ese ansia, esa impaciencia nos hace perder cosas importantes. Nos hace ir sin preparar a una entrevista, lanzarnos a una actividad para la que aún no nos hemos preparado o mentalizado, actuar precipitadamente en relaciones sociales y luego lamentar lo hecho. Nos hace no pensar y lanzarnos, desquiciarnos y perder la capacidad de discernir, analizar y enfocarnos. Todo por no saber esperar, por no saber prepararse, pensar, enfocarse y acabar las cosas que se empiezan pese a que el proceso a veces no sea ni tan placentero ni tan inmediato como se esperaba. El no obtener feedback nos llega a dejar por los suelos, a hacernos aflojar el ritmo, distraernos o cambiar de objetivos con relativa frecuencia.

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Al menos por un momento, con humildad, tal vez podríamos pararnos a pensar en qué nos lleva a esa impaciencia, en si de verdad nos ayuda y aprender a encontrar esa calma que nos permita ser pacientes y no destrozar oportunidades, abandonar proyectos a medias, dispersar nuestra atención y recursos o caer en el desánimo, apatía, desmotivación. A veces es mucho más importante el proceso y el camino que se anda hasta los objetivos (la evolución personal que supone y el cuidado que requiere) que la meta perseguida. A veces descuidar ese camino nos aleja de los objetivos y nos conduce a una insatisfacción infinita.

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¿Probamos?

Soledades

¿Qué es? ¿A qué sabe?

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Soledad

Carencia voluntaria o involuntaria de compañía: meditar en soledad. Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo: soledad por su alejamiento. Lugar desierto, o tierra no habitada: paraje lleno de soledad.

Pero hay muchas opiniones al respecto…

La soledad es el naufragio de todos los puentes.

Francisco Garzón Céspedes

Sería una quizá la mejor definición para quien no la escoge, sino que le sobreviene. Este tipo de soledad es el fracaso de encontrar compañía cuando se busca, de tender puentes a otras personas o proyectos, a otros momentos, que por lo que sea caen convirtiendo a quien los tiende en una solitaria isla.

Otros en cambio la podría ver como una bendición…

La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Yo la hice. Porque decidí que era allí done debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros.

Marguerite Duras

Una soledad necesaria, buscada, un encuentro con el propio ser o esencia, con la creatividad dormida, el arma entumecida o aquello que normalmente no logramos escuchar y que tiene mucho que aportar.

También hay quien encuentra soledad en el tiempo sin sentido, sin fin, sin significado. El tiempo perdido que pasa sin pena ni gloria.

Sentía la soledad de muerte que llega al cabo de cada día de la vida que uno ha desperdiciado.

Ernest Hemingway

Es sinsabor en este caso, soledad pese al no vacío y la compañía. Podría estar el día saturado de quehaceres y sentir esa muerte al final de día que lo hace parecido al anterior. Es una soledad un tanto depresiva. Se relaciona con muerte…

Allí, en el centro de ese silencio, encontraba no la eternidad, sino la muerte del tiempo, y una soledad tan profunda que la palabra misma perdía todo sentido.

Toni Morrison

Pero otras veces, dentro de no ser precisamente buscada y positiva, resulta revelador identificar su fuente en una especie de agujero negro interno, en nosotros mismos:

Desviamos la mirada de nuestra soledad, de nosotros mismos, y no soportamos ni a los otros ni a nosotros mismos, y los otros tampoco nos soportan.

Herta Müller

Esta soledad no da una llave de oro a la introspección al cambio y la evolución, a la lucha con nosotros mismos hasta que alguna parte gane (con suerte, la que sea capaz de amar y hallar belleza en las cosas frente a la que se vanagloria y se esconde tras escudos de valor ante miedos no aceptados). Es un duelo interno contra la sombra, una aceptación empezando desde dentro para que nos puedan aceptar. Si desde dentro nos damos la espalda y nos condenamos a soledad, la compañía externa nunca llegará a compensar ese agujero negro creado por la propia negación, por dejarnos de lado abandonarnos a nosotros mismos.

Romper este círculo es algo complicado, pues son tantos los prejuicios interiorizados y desconfianza anidada que ya no escuchamos quién somos realmente. La voz que tal vez en la infancia fue clara fue silenciada por nuestras propias normas, en muchos casos absurdas. Nos civilizamos, sí. Aprendemos y coleccionamos conocimiento, pero… ¿Llegamos a convertirlo en saber? Puede que tanto dogma y norma no conduzca a nada y el saber esté más allá de un libro, una teoría, un análisis psicológico o nuestra propia y condicionada visión de la realidad(con su inherente sesgo). Cuidado con abusar de ella, que todo daña en exceso:

La soledad es antihumana y hace sufrir, cancela las posibilidades de evolución. Hay que tener un espíritu muy poderoso para soportarla.

Ricardo Garibay 

Y ciertamente es antihumana, pues estamos donde estamos, no por aislarnos sino por aprender a tender puentes y relacionarnos, por esos sentimientos de fidelidad y lealtad, por la colaboración, por saber ser grupo, por el trabajo en equipo, por ese saber que pasa de unos a otros o el que nace de el intercambio con lo de fuera. El secreto está en el equilibrio. Hay tantos tipos de soledad como personas. Unas destruyen y otras construyen. Unas pesan y otras alivian. La misma soledad no cae igual en dos personas ni se afronta de la misma manera.

¿Qué es para ti la soledad?

¿Qué encuentras en ella?