La madición de Atlas

Hay ocasiones en que no sentimos muy pesados, pesadísimos, nos arrastramos agotados con un sin fin de historias en la cabeza, como si el peso del mundo nos doblase y encorvase, se clavase sobre nuestros hombros. Nos duele el cuello y parece que tuviéramos una coraza formada entre omóplato y omóplato que nos impidiese recuperar una postura digna y erguida, con el pecho amplio llenándose de oxigeno y un profundo aliento que tanto echamos de menos sentir.

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Pensando en esta sensación al final es cierto, llevamos el peso del mundo sobre los hombros como el gigantesco Atlas. Llevamos el peso de nuestro mundo, ese que bulle y en nuestra cabeza, justo un sobre nuestros hombros y en un delicado equilibrio sobre nuestro cuello. Lo bueno de darnos cuenta de ello es que en ese mundo “tenemos mucha mano” y podemos meterla hasta el fondo para sacar basura, pesadas losas y otras tantas cargas que como si temiésemos perder riqueza almacenamos, totalmente entregados a un “Síndrome de Diogenes” que nos hace cada vez menos capaces de seguir caminando en la vida, nos agota, nos resta la energía necesaria para movernos, superarnos, para disfrutar y para respirar.

Sabiendo que somos ese “Gran Demiurgo” de nuestro mundo, podemos comenzar a armonizarlo, aligerarlo, a convertirlo en algo que podamos llevar sin que se nos doble la espalda y su peso nos aplaste, porque no todo lo que más pesa es riqueza y no toda la riqueza pesa, porque son aquellas adquisiciones que menos pesan las que más nos enriquecen.

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4 ojos ven más que 2

icondaevaSiempre se ve antes la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

Siempre se aprecia mejor la ciudad desde fuera de ella, en alguna torre elevada, una montaña apartada que desde su centro vital.

Siempre se aprecia mejor el libro en la mesa que pegado a la nariz.

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Para vernos necesitamos espejos. Para vernos enteros, espejos grandes, enormes, o más pequeños pero con perspectiva si no los encontramos.

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Siempre dos ojos, especialmente los que ven la paja en tu ojo desde una perspectiva, ven la viga pesada con que cada cual aplasta sus alas y frena su caminar.

 

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A veces no hay nada mejor que dejarse ver para conocerse.

A veces no nada mejor que conocerse a fondo para ver.

A veces mirar dentro es ver fuera y mirar fuera es ver dentro.

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Libertad

Se ha escrito mucho sobre ella, se ha luchado por ella y matado en su nombre. Hay quien se cree libre y quien la busca desesperadamente en una carrera que le lleva a huir de todo, de sí mismo, de la vida, de este mundo terrenal hacia el más allá, al horizonte infinito donde nunca sep one el sol.

¿Pero qué es realmente la libertad?  Si nos fijamos en la historia tenemos opiniones para todos los gustos:

¿Preguntas qué es la libertad? No ser esclavo de nada, de ninguna necesidad, de ningún accidente y conservar la fortuna al alcance de la mano.

Séneca (2 AC-65) Filósofo latino.

Pueblos enteros se ha levantado buscando esa libertad. Hay quien dice que la libertad no es in fin sino el camino que se traza queriendo llegar a ella.

La libertad no es simplemente un privilegio que se otorga; es un habito que ha de adquirirse.

David Lloyd George (1863-1945) Político británico.

Viene de dentro entonces la libertad, pese a que se lucha por ella fuera contra el entorno. Realmente, todos deberíamos ser libres entonces al estar solos, pero no es así tampoco.

No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna.

Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.

Ni en la soledad nos libramos entonces del yugo de la esclavitud ¿Pero cómo vivir pues, en completa libertad? ¿Acaso residirá el poder escoger siempre ante qué nos doblegamos en contra que nos negamos a ceder, obedecer, implicarnos, hacer o dejar de hacer? Parece ya una estrella inalcanzable que brilla bonita en nuestro humano cielo. Una lejana estrella que no alcanzaremos pero cuyo brillo en la noche nos hace sentir bien, mirar la inmensidad, imaginar lo infinito aún siendo finitos. Siempre ha creído el hombre en algo mucho más grande y perfecto si poder sentirse nunca satisfecho con lo que tenía en su mano.

La libertad no tiene su valor en sí misma: hay que apreciarla por las cosas que con ella se consiguen.

Ramiro de Maeztu (1875-1936) Escritor español.

Quizá la estrella de la libertad se refleje justo en este lago de elecciones que nos permite obtener nuestros más intensos y profundos anhelos. Tal vez aquella libertad que nos aleja de la tierra, la gente o la condición que queremos es en realidad dañina.

Y cuando llegue el final
el otoño de nuestro amor
yo te esperaré. Mientras, vive
y lucha por tener

derecho a elegir
con qué cabeza tu almohada compartir.
Orgulloso de ser quien eres
y no como deberías ser.

Mägo de Oz

¿Y si va a ser eso la libertad? Que nada ni nadie doblegue tu identidad a menos que por conveniencia y convencida elección(se elige libremente) lo que quiere para sí. Cada cual se eche sus piedras o sus flores. Al final la libertad es un poder y el poder conlleva responsabilidad. Para usarlo correctamente madurez, y para todo lo demás experiencia(la vida enseña a usarla).

El gen egoísta I

Esta es la primera de una serie de reflexiones inspiraras por un libro de este título llegado de manos de un Phenon a las mías. El primer punto de reflexión es el siguiente:

Grupos egoístas y grupos altruistas: El libro arroja una idea interesante, sobre todo en vista del creciente individualismo. Plantea que estratégicamente está mejor montado un grupo altruista, pero que hay también grupos egoístas. Si el egoísmo es una característica dominante que pasa a tras generaciones, un solo individuo egoísta se aprovechará para tener mejor posición usando a los altruistas y reproducirse más, por lo que poco a poco el grupo altruista acabaría siendo egoísta. Así que de aquí concluyo que el egoísmo es como una suerte de cancer que mimetizando sus células entre las “buenas” infecta a toda la sociedad.

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El egoísmo hasta cierto punto que permita no dejarse pisar es necesario, puesto que estamos mezclados. En un grupo puramente altruista, seguramente no sería necesario ese egoísmo. Es a la vez la enfermedad y la cura. Enfermedad porque acabamos mutando el grupo o la sociedad hacia el egoísmo, la cura porque nos protege de otros egoístas.

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Una amiga me hablaba hoy de la importancia de saber darse a quien se lo gane. Tal vez esté aquí la clave: Altruista, sí, pero sólo para quien se gane ese altruismo. Ser selectivos. Si la selección natural nos avoca al fracaso como especie, tendremos que pasar a una un poco más artificial. Altru-egoístas.

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Para eso tenemos una cabecita para pensar y empatía (unos más que otros) para sentir.

Esos textos…

Se levanta una de buena mañana con el ojo pegado,y un texto que nunca había leído se le planta en la pantalla sin avisar, causando un latigazo:

Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo “Te quiero.” Entonces me di cuenta que era la primera vez que me lo decía, más aún; que era la primera vez que lo decía a alguien. Isabel me lo hubiera repetido veinte veces por noche. Para Isabel, repetirlo era como otro beso, era un simple resorte del juego amoroso. Avellaneda en cambio, lo había dicho una vez, la necesaria. Quizá ya no precise decirlo más, porque no es un juego: es una esencia. Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero era casi asfixiante, insoportable. Ahí en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo. “Hasta ahora no te lo había dicho” , murmuró, “no porque no te quisiera, sino porque ignoraba porque te quería. Ahora lo sé”. Pude respirar, me pareció que la bocanada de aire llegaba desde mi estómago. Siempre puedo respirar cuando alguien explica las cosas. El deleite frente al misterio, el goce frente a lo inesperado, son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. Menos mal que alguien explica siempre las cosas. “Ahora lo sé. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena madera”. Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá ese momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir.

Finalmente veo que el culpable de tal emoción es, aparte de la persona que lo publicó, Mario Benedetti y su libro “La Tregua”. Ya tengo algo más que leer, en vista de estas líneas.

Buenos días ^_^

El árbol-nube

Arboles… Siempre imaginamos esas cosas con su tronco y sus ramas, sus hojitas, sus frutos, sus flores… Que se abrazan al suelo con sus raíces y nos da aire que respirar.

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No todos los árboles se elevan sobre un tronco hasta acariciar los rayos del sol o cuelgan de las ramas de otros, trenzando abrazos y, también, parasitando o buscando sustento en aquellos que tienen los pies sobre la tierra ¿Todos?

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Algunos árboles no consiguen un tronco fuerte pero sus ramas crecen como una red neuronal, llenos de ideas y nodos, llenos de un barullo de sí mismos que se enreda en una nube.

Las nubes pesadas, demasiado concentradas se vuelven oscuras, se enredan más y más sobre sí mismas, atrapan polvo, suciedad, pelusilla, basura. Son como un agujero negro que todo lo adhieren a su estructura haciéndose plomizos y cayendo al suelo, pero aún sin poder enterrar raíces porque no ven la salida de sí mismos.

Otras de estas nubes en cambio consigue una estructura equilibrada que las hace ligeras. Suben con el viento, planean, revolotean y son atravesadas por todo tipo de olores, de colores que se reflejan en sus ramas perfectamente ordenadas y limpias. Estos arbolitos aprenden a volar entre los pájaros y ven lo que ellos ven, sin conformarse con lo que les cuentan encada visita mientras guardan sus nidos. Lo ven por sí mismos y flotan sobre las cosas viendo todo de lejos, de cerca, a media distancia.

Abrid bien los ojos… puede que un día notéis una caricia sobre el hombro o un beso en el aire y si os fijáis bien veréis a uno de estos árboles-nube casi transparente, como un brillito iridiscente junto a vosotros, caminando, revoloteando a vuestro lado. O puede que seáis no de ellos….

Adiós…

Yo también querría dedicar mi personal adiós al pasado y me resulta inspirador leer el cambio de lo que llega cuando no se sabe aún manejar la situación, de las cicatrices, de la cura que es la vida misma: Siempre mira hacia delante, nace y mueren en presente, avanza rauda o con pies de plomo.

También yo quería decir esta palabra a todo lo que un día peso tanto que me hizo gatear sin estirarme todo lo que podía.

Adiós con una sonrisa, con un beso, con una flor con el corazón que con el alma no puedo, con lo que quieras pero adiós.

Hola presente ¿Damos un paseo?

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Me has acompañado durante mucho tiempo. Por primera vez cuando derramé mis primeras lágrimas de dolor. Desde entonces, en contadas ocasiones. A veces mientras lloraba de rabia, a veces mientras discutía, a veces mientras pensaba sobre la muerte y la vida.

Juntos hemos pasado varias etapas de la vida, desde la infancia hasta la edad adulta. Siempre me acompañabas. No importaba si estuviese sola o en compañía. A veces te presentabas como el ruido que hacen las agujas del reloj, a veces como una terrible agonía que no se desprendía de mí. Durante algunas épocas incluso te permitías el lujo de meterte en mi cama para que no pudiera conciliar sueño alguno.

Intenté desprenderme de ti, hui de ti, corrí, lejos, pero siempre estabas al acecho. Intenté ser libre, pero siempre me alcanzabas. Te quería lejos, mas siempre te tenía cerca. Solo desaparecías cuando no pensaba en ti. Solo desaparecías…

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La pena envejece

Así es, la pena envejece y el llanto arruga el rostro, labrando surcos en esos párpados y rodando por la mejilla hasta caer. El desgarro araña por dentro y se lleva poco a poco la vida, nos hace consumirnos lentamente en cada zarpazo.

Miro una fotografía de una de las épocas más felices de mi vida…

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Miraba el mundo como si pudiera morderlo como una manzana y comérmelo si luchaba y seguía trabajando duro. No era la sonrisa más alegre, pero estaba llena de ambición.

 

Luego en cuestión de unos meses llegaron algunas penas de esas que dejan la sonrisa seca y un cambio irreversible sacudió mi aspecto.

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Y el mismo rostro de alguna forma parece de alguien mucho más viejo y cansado. Sigue adelante, sigue sonriendo pero sin duda se nota como si algo hubiese apagado. Hasta se marcan más las patas de gallo. Sí. La pena deja huella en el alma y también el el rostro, en el cuerpo que duele como su cargase el eso de muchos años de golpe.

Se dobla la espalda que cede al peso, se guarda la cabeza entre los hombros. Por tanto, ojo con esta enfermedad que como un veneno hace fenecer la vida y todo lo que realmente somos.

Remedio: La vida. Salir ahí, reír, saltar, correr, bailar, ver, sentir, brillar, rodar, respirar, descansar, darse placeres, perdonar(se), creer y crear. Pasar a la acción. Porque nunca he visto un muerto dando saltos y riendo a carcajadas. Así haya que agotar las existencias de las pelis más ridículas y las series más absurdas. Adelante.

¿Quién dice que haya que pedir permiso para probarse? ¿Quién dice que no les lo tuyo? ¿Lo has probado?

¿Quieres una oportunidad?

Da una oportunidad.

Date una oportunidad.

Ahí la tienes.

 

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Y sonríe… Que rejuvenece.

Inside out

Cada cosa que hacemos y cada piedra que ponemos para construir algo en este mundo está condenada a desaparecer. Somos en realidad un suspiro en el tiempo, en ese devenir de los días que se suceden uno tras otro, sin nada de especial y a la vez irrepetibles.

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He tenido algunos conflictos con lo efímero de ese momento y el carpe diem,con la fugacidad y el continuo movimiento. Con el destino, la eternidad y las limitaciones de la existencia. Un buen amigo apareció cuan Sócrates aplicando su mayeútica a extraer algunas ideas que en el fondo llevan tiempo en mí con un buen ejemplo de como aprender esta lección y romper este conflicto: Monjes Budistas.

Y en realidad es una lección conocida que había olvidado. Cuando era una adolescente pasaba horas con los puzzles. Me gustaba hacerlos y luego guardarlos. Me gustaba el momento en el que mi mente sabía qué mirar y por dónde ubicar cada pieza. Conocía el dibujo a componer y las formas. De niña solía guardarlos hechos una vez los montaba. Los guardaba en sus cajas casi enteros, por trozos, porque me daba pena destrozarlos.

Ahora mirando atrás veo a la niña: La niña temía perder su obra y ese tiempo invertido. Guardaba los trozos de algo que tal vez no creía poder volver a repetir como su premio. Su recompensa era el puzzle completo, una imagen que había logrado sacar de un montón de fragmentos tras encontrar la forma de conectarlos.

La adolescente: Aprendió que el puzzle estaba en su cabeza, era la habilidad de ligar esos fragmentos y que eso permanecía ahí incluso cuando el puzzle entraba a su caja totalmente destrozado. Todo ese tiempo, todo ese conocimiento seguía vivo dentro de ella. No perdía nada…

Y de aquí la lección que la adulta olvida: Ese logro, esa felicidad que se refleja en el objeto externo no es el objeto en si, sino aquello que se hace con él. No se pierde cuando deja de estar sino que sigue vivo hasta que en algún momento volvemos a tener ese placer de montar cada pieza y comprobar que seguimos pudiendo lograrlo. Que recordamos nuestro recorrido. Se hace camino al andar y aunque sólo queden esas estelas en el mar, cuando en el momento de nuestro paso las pisadas son firmes, las huellas permanecen aunque no volvamos a pisarlo.

Dura lección aún no aprendida del todo pero que siempre ha estado ahí: Todo lo que tenemos está dentro de nosotros. Es nuestra elección decidir qué reflejar. Se refleja desde nosotros mismos hacia el mundo que nos rodea, como la luz muestra o no los objetos según éstos la reflejen ¿Qué colores reflejas?

Reflejo

Gracias por recordármelo, improvisado Sócrates. Murió hace mucho y sin embargo ahí sigue vivo cada vez que alguien, hasta sin quererlo, refleja sus enseñanzas.

Casualidades: El maestro aparece cuando el alumno está preparado para la lección.

 

Búscala

Tal vez algún día aprendamos a apreciar la locura, a vivirla, sin temor ni remordimiento. Es la vida la que fluye en ella, intensa, condensada como una gota de rocío al alba. La misma que brilla ante la luna y se evapora en sueños con el calor del sol hasta las nubes.

Sí, somos locura y poco de lo que realmente merece la pena vivir puede existir sin un puntito de ella. Al menos una vez en la vida, sed locos, buscad una loca o un loco (según gustos) que os quiera con locura y sed lo suficientemente osados para querer con la misma locura.

El que no vive esto nunca no ha vivido del todo.

Entrada Agotada

Búscate una loca, de las de remate.

De las que cuando piensas que ya no puede hacer algo más estúpido, va y te sorprende con algo inesperado.

Busca una chica que se ría a carcajadas, sin importarle donde se encuentra o quien tenga alrededor.

Esa que te cuente chistes malos y haga bromas tontas sin que puedas evitar reírte y no sepas el porqué.

Que cante por la calle con la música de algún coche e intente que tu también lo hagas. Que baile bajo la lluvia sin preocuparse por su peinado.

Búscate una pesada, una tocahuevos, de las que juegan con tus puntos débiles o manías sabiendo que consiguen desquiciarte, provocando en ti una ganas locas de ahogarla, pero con abrazos.

Busca una irracional, humilde, sencilla y directa. Que llore, que grite, que tenga carácter. Que te monte numeritos pero los compense con muy buenas escenas.

Que no sepas…

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