Susanna 16,4 m2

Cada vez doy más vueltas a un documental que vi hace no mucho, basado en la idea del minimalismo:

En él nos plantean vivir en el espacio exacto que necesitamos, no el que “necesitamos” ¿Quién imagina vivir en 16,4 m2? Sería algo así:

 

El espacio exacto para lo indispensable: una cabeza bien amueblada, algo de tiempo para uno mismo, una cama en la que dormir, un pequeño espacio para cocinar, alguna mesita quizá, o una pequeña estantería en la que poner los libros favoritos, un pie de dicha y un inodoro. Aún nos queda un rincón para un armario en el que ordenar las 33 prendas con las que formaremos todas las combinaciones que nos vestirán durante años. Sí, también los armario se pueden “minimalizar”. Si alguien quiere aceptar el reto…

http://proyecto333.org/

Esto relajaría un poco esa presión de vivir encadenado a una hipoteca y aquí la tecnología es una aliada: Un e-book puede albergar muchos más libros que una estantería en mucho menos espacio. No tiene coste ecológico de “construcción-destrucción” (al menos es mucho menor y se traduce en las horas de electricidad necesarias para digitalizarlo y mantenerlo en un servidor, y el de la transacción que nos permite adquirirlo -Unas placas solares en el tejado y, si el gobierno no se empeña en poner puertas al campo e impuestos al sol, resulta bastante sostenible). Un Portátil o una tablet nos hace las veces de equipo de música, televisión, album de fotos… Incluso un móvil viene ya equipado con estas opciones. Eso sí, la vista agradece salir de los dispositivos digitales.

A la caza de los grises

En tan acogedor espacio, sin ruido, sin trastos de más, sin aditivos, colorantes ni conservantes, nos encontramos al natural y tenemos en este espacio abierto tiempo para nosotros. Tiempo para no pensar en nada, para simplemente estar, para permitirnos salir de la necesidad, del camino, de los agobios y el estrés que generamos muchas veces por tener de mas. El miedo a no tener nos lleva a sobrestimar las necesidades que nunca se colman. A veces menos es más y esta es la filosofía de “Minimalism”

¿Quién se atreve a salir del redil?

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El bosque perdido

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A menudo los detalles ocultan el todo, las ramas ocultan el árbol, los árboles no dejan ver el bosque y sin embargo sin árboles no habría bosque, sin ramos y raíces no habría árbol.

Aunque es en cada árbol que el bosque vive no es sino cuando salimos de entre los árboles, de sun interior, que podemos ver el bosque como resulta fácil salir de un laberinto cuando se ve a vista de pájaro y se nos hace imposible cuando corremos entre sus muros buscando la salida.

Así de perdidos andamos al mirar nuestras vidas desde la perspectiva del día a día, sin ver qué estamos dibujando con cada paso de nuestro itinerario, del camino que escogemos… ¿O nos escoge? ¿Que veríamos si nos alejamos un poco del trepidante ritmo del vivir?¿Y desde la abulia del que tiró la toalla y se sentó en el banquillo a ver pasar los días?

In or out: Ocupados 24/7/365

Cuando llega el momento de “volar del nido” nos encontramos con un trazado a lo Angry Bird en el que nos catapultamos un poco descontrolados a un mundo que nos recibe por lo general con un impactante aterrizaje forzoso. Allegados, nos encontramos con “mercado laboral”, con “paro” con “Grado”, con “Master” y con “Doctorado”. Con una serie de grisáceos personajes que harán sus delicias absorbiendo nuestro rosado color de pollitos con aspiraciones de gorrión o jilguero para convertirnos en cucos, buitres, arrendajo azul o urraca común. Cualquier variedad capaz de jugar al Lazarillo de Tormes e “ir tirando”, cuando no acabar siendo un kiwi… Aunque de estos hay algunos valientes que prefirieron la vida al camino.

Kiwi! el ave que no vuela

Muchos no acabamos de encontrar ese punto medio entre nuestros sueños e ideales y aquello que nos permite “vivir” en sociedad. Entre el dinero que nos permite seguir viviendo algo más de tiempo o el tiempo que nos permite seguir viviendo de verdad. Entre aquello que nos gustaría hacer y aquello que tiene valor o “necesita” la sociedad de nosotros. No es fácil encontrar el valor de un kiwi para dar un rompedor salto de fe entre la grisácea neblina de las rutinas actuales.

Larga vida al Kiwi

Cuando pensamos en Momo hoy día, a muchos les vendrá a la cabeza más bien algo así:

Pero antes de la era digital, antes de la invasión de los móviles y las tecnologías de red social en los aspectos más íntimos de nuestras vidas, en una época algo más relajada en la que los niños duraban algo más de tiempo en la burbuja de la infancia. En aquel entonces Momo no era más que una niña, una de las de verdad…

De las que sabía hacer aquellas cosas que muchos hoy tratan de aprender: Escucha activa, meditación, vivir el momento, creatividad. Una niña fuera del imperio del tiempo. Una valiente ucronía. Los hombres grises aparecen para “fumarse” el tiempo de cada ser humano, procurando que estos siempre anden ocupados, con multitud de cosas importantes que hacer. Viven cada vez más deprisa, cada vez más inmersos en una espiral de quehaceres y estrés.

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Su “padre”, el escritor Michael Ende, ya vislumbro el ritmo de la sociedad actual en el momento en que su libro vio la luz de los ’70s y como si de un visionario se tratase, dibujo exactamente la sociedad actual: gris y acelerada, tan ocupada en banalidades y en vivir para trabajar, para consumir, para tener aquello que nos da “puntos sociales” que canjear por un hueco en esta macroestructura de consumo del tiempo. Poco a poco la vida deja a los seres humanos y a cuanto les rodea. Nos vamos hundiendo, siguiendo el camino trazado, hacia el centro de la espiral, allá donde muere nuestro tiempo y nuestra humanidad.

Momo film

En los ’80 Momo cobró aún más vida, con una película que ponía carne y hueso a la pequeña libertadora que devolvió el tiempo a su dueños, a las personas a las que pertenecía. En el último año he ido conociendo ideas que bien podrían reflejar esa Momo que poco a poco devuelve a la vida a los vivos, pero es un tema bastante amplio y lo iré desarrollando en varios Post. Por el momento, me quedo con este bocadito de vida que nos trae Ende. Momo.

Momo