La madición de Atlas

Hay ocasiones en que no sentimos muy pesados, pesadísimos, nos arrastramos agotados con un sin fin de historias en la cabeza, como si el peso del mundo nos doblase y encorvase, se clavase sobre nuestros hombros. Nos duele el cuello y parece que tuviéramos una coraza formada entre omóplato y omóplato que nos impidiese recuperar una postura digna y erguida, con el pecho amplio llenándose de oxigeno y un profundo aliento que tanto echamos de menos sentir.

atlas_farnesio

 

Pensando en esta sensación al final es cierto, llevamos el peso del mundo sobre los hombros como el gigantesco Atlas. Llevamos el peso de nuestro mundo, ese que bulle y en nuestra cabeza, justo un sobre nuestros hombros y en un delicado equilibrio sobre nuestro cuello. Lo bueno de darnos cuenta de ello es que en ese mundo “tenemos mucha mano” y podemos meterla hasta el fondo para sacar basura, pesadas losas y otras tantas cargas que como si temiésemos perder riqueza almacenamos, totalmente entregados a un “Síndrome de Diogenes” que nos hace cada vez menos capaces de seguir caminando en la vida, nos agota, nos resta la energía necesaria para movernos, superarnos, para disfrutar y para respirar.

Sabiendo que somos ese “Gran Demiurgo” de nuestro mundo, podemos comenzar a armonizarlo, aligerarlo, a convertirlo en algo que podamos llevar sin que se nos doble la espalda y su peso nos aplaste, porque no todo lo que más pesa es riqueza y no toda la riqueza pesa, porque son aquellas adquisiciones que menos pesan las que más nos enriquecen.

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